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Banging Jumping

Lanzarme a hacer algo complicado que talvés ponga en riesgo mi estabilidad o haga mi vida un poco difícil, se siente como esos nervios antes de hacer banging jumping.

Esa emoción de ir subiendo a la plataforma que me llevaría 50 m. para luego lanzarme. Esos nervios entusiasmados que se volvían en miedo mientras más alto iba. Nunca había estado a tal altura. 

Cuando llegué a la plataforma, estaba asustada. Me puse de espaldas y gracias al universo se subió conmigo alguien más, que fue el que me soltó; porque posiblemente por mi propia voluntad no me hubiera tirado. Va en contra de todo sentido natural de supervivencia, ¿no? ¿Por qué tu cerebro te dejaría soltarte cuando estás asustada a 50 m del nivel de un suelo de concreto? 

Así que necesité de esa persona, que me dijo: "Ponte al filo de la plataforma, no tengas miedo, yo tengo agarrada de la cuerda, cuento hasta 3 y te suelto". 

Tengo un video en el que se me ve pálida, respirando agitadamente, cagándome de miedo. 

"¿Por qué haces eso?" - me preguntan. "¿Por qué pagas para hacer esas cosas?" - que resulta un poco más ilógico aún. 

Bueno, pagué porque quise  saber como se sentiría caer, quería vivir esto que usualmente no se vive, quise sentir toda esa adrenalina, ver el mar a esa altura en la que no estado nunca más, luego de esa vez. Quise vivir una experiencia nueva.

Cuando caí y me acostumbré a las rebotes de la cuerda me sentí tan feliz. Bajé encantada.

Me gusta sentirme así, sentir que voy a ver algo nuevo, que voy a vivir algo nuevo, aprender algo nuevo. Para mí, eso es disfrutar la vida. 


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