Lanzarme a hacer algo complicado que talvés ponga en riesgo mi estabilidad o haga mi vida un poco difícil, se siente como esos nervios antes de hacer banging jumping. Esa emoción de ir subiendo a la plataforma que me llevaría 50 m. para luego lanzarme. Esos nervios entusiasmados que se volvían en miedo mientras más alto iba. Nunca había estado a tal altura. Cuando llegué a la plataforma, estaba asustada. Me puse de espaldas y gracias al universo se subió conmigo alguien más, que fue el que me soltó; porque posiblemente por mi propia voluntad no me hubiera tirado. Va en contra de todo sentido natural de supervivencia, ¿no? ¿Por qué tu cerebro te dejaría soltarte cuando estás asustada a 50 m del nivel de un suelo de concreto? Así que necesité de esa persona, que me dijo: "Ponte al filo de la plataforma, no tengas miedo, yo tengo agarrada de la cuerda, cuento hasta 3 y te suelto". Tengo un video en el que se me ve pálida, respirando agitadamente, cagándome...
Nos engañaron, la adolescencia no es la etapa más dura de una persona. La etapa más dura definitivamente es el paso a la adultez. Ahora no solo te piden cuentas tus padres; te la pide el gobierno, las entidades financieras y la sociedad, que ahora es un poco más dura contigo.